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Remedios Varo: La Hechicera Del Pinchel

“Encuentro” (1959) de Remedios Varo:

“Una mujer abre un cofre del tesoro, es pequeño, austero, como la habitación en la que ella se encuentra; sentada la envuelve una tela azul, como capullo que se deshila por los bordes, casi un harapo cae en capas. Sus manos son delgadas, sus ojos “agatados”.

El tesoro se muestra: no son joyas. Es ella. Es su imagen, que se asoma… la mira.

Encuentro, 1959. - Remedios Varo

“Encuentro” (1959) de Remedios Varo.

Era 1959 cuando Remedios Varo pintó este cuadro. Un detalle más nos deja pensando: en una estantería al fondo de la imagen se observan más cofres, más tesoros, todos cerrados. ¿Será que en todos está ella misma? El nombre me parece perfecto, la metáfora es divina: porque encontrarnos con nosotros mismos es un tesoro.

Pero siempre me he preguntado, ¿qué sería realmente lo que pasaba por la cabeza de Remedios cuando lo hizo? ¿Me lo pregunto de éste y de sus demás cuadros? Cada uno te invita a adentrarte al mundo especial de Remedios, donde personajes -casi siempre solitarios- viven, trabajan o crean en espacios que parecen sueños: no son reales, pero sí creíbles.

Todo está en su sitio, todo hace sentido en el sinsentido perfecto de Remedios Varo. Así como Tolkien hizo la Tierra Media en literatura del Señor de los Anillos, así Remedios hizo un lenguaje en sus pinturas… que va más allá del surrealismo.

Porque ella lo dijo: yo no pertenezco ya a ninguna corriente artística, yo simplemente pinto.

51 años tenía cuando terminó “Encuentro”, y tenía apenas 7 dedicándose a pintar. El hambre, la guerra y el miedo a la carencia fueron suficiente motivo para buscar un trabajo en cuanto llegó a México en 1941. La política de puertas abiertas de Lázaro Cárdenas la recibió.

Primeros años

Nació en Gerona, España, pero su barco venía de Marsella, Francia cargado de intelectuales: poetas, pintores y escritores, llegaron al país junto con cientos de europeos de oficios distintos y una meta común: buscar asilo huyendo de Franco, de Hitler, de Mussolini, de las batallas y persecuciones; de los campos sembrados de gris y rojo que no les dejaban crear.

Ella no venía sola, venía de la mano de Benjamín Péret, pisó México y sintió paz: sus colores, su magia, su locura se convertirán para Remedios en el nuevo caldo de cultivo para su inspiración. Sin embargo, primero había que sobrevivir, traer pan y leche a la mesa, fue la primera junto con su viejo amigo Gerardo Lizárraga, quien por cierto también fue su esposo, en buscar trabajo.

Sí, Remedios era peculiar para el amor y los amores, no los desechaba, los coleccionaba como amigos terminado su tiempo, tuvo varios, pero quizás son dos los que hicieron nido en su corazón.
Benjamin Peret and Remedios Varo sitting in front of Villa Air-Bel, Marseilles 1941 | Varo, Remedios varos, Frida kahlo y diego

Remedios Varo y Benjamín Péret (1941).

Pero comencemos por el principio. Esta mujer que se ha convertido en la pintora consentida de los amantes del buen arte, surrealista o no, una vez fue una niña delgadita que amaba las matemáticas y era buena en biología. Su familia de raíz conservadora y religiosa por parte de su madre, era científica y pragmática por el lado de su padre, quien era ingeniero hidráulico dedicado a construir presas por todo el país, inclusive llevó a la familia a vivir hasta África.

Es curioso porque el agua contenida, su movimiento y transformación se convertirán en un elemento preciso y repetido en la iconografía de Remedios, es decir, uno de sus sellos. Pero en ese entonces, ella convivía -como cualquier niña- con sus hermanos, los dos mayores.

Un detalle adicional enriqueció su infancia, la abuela vivía con ellos; era su testigo y compañera mientras la anciana estaba pegada a la máquina de coser, que será otro de sus sellos una vez convertida en pintora.

Las almas de los montes (Espíritus de la montaña) || 1938, óleo/triplay || Remedios Varo (1908-1963) | Remedios varos, Producción artística, Pintores surrealistas

“Las almas de los montes” (1938) de Remedios Varo.

Pero no tendría más de 10 años, cuando su madre descubrió su don o por lo menos fue la que encontró un montón de dibujos y garabatos debajo de su cama: los tomó, los revisó con detalle y se los llevó a su marido: “pero mira lo que está haciendo esta niña” -diría.

Don Rodrigo, su padre, no se lo piensa ni un minuto, manda llamar a su hija y le pregunta:
-¿Qué es esto hija? ¿Tú has hecho esto?.
– Si papá es que, cuando tengo tiempo, me gusta pintar.

Fue entonces cuando la carga, la sienta en sus piernas y coloca sobre la mesa entre barómetros, pinzas, adornos, le entrega los lápices y le dice: “Pinta Remedios, pinta” ¡no lo dejes de hacer!

Por él también se mudaron a Madrid, para que su hija, con tan solo 16 años, ingresara a la Academia de San Fernando: La más prestigiada en arte, donde estudiaron Dalí, Picasso, Buñuel o García Lorca. Rodeada de hombres se abrió pasó y conoció ahí justamente a Gerardo Lizárraga. Se casaron en 1930. Se querían sí, mucho, pero casarse también fue la forma en que Remedios encontró para liberarse del mundo estricto de su madre.

Juntos vivieron primero en París y después en Barcelona. Se unieron a los “logicofóbicos” grupo de artistas que rechazaban todo lo que tuviera que ver con la lógica, pronto formarán parte de los surrealistas y Remedios caerá enamorada de Benjamín Péret, 9 años mayor que ella, poeta francés y mano derecha de Andrè Breton, entre letras y reuniones de bohemia la conquistó.

Eran los años de la efervescencia surreal. Los conoció a todos, Gerardo comprendió, jamás dejarían de estar el uno para el otro. Los cuadros de Remedios se exponen dos veces, primero en la Galerie des Beaux-Arts en París y después en la Galerie Robert, en Amsterdam. De esa época nos quedan dos cuadros: “Títeres vegetales” y “Las almas de los montes”.

Títeres Vegetales (Marionetas Vegetales), 1938 - Remedios Varo

“Títeres Vegetales (Marionetas Vegetales)” (1938) de Remedios Varo.

Después la guerra, la persecución, la huída. Sabemos que Remedios estuvo en la cárcel, pero nunca lo habló, entre dolor y vergüenza fue un capítulo que decidió olvidar con silencio.

Llegada a México

México los recibió, se instalaron en la Calle Gabino Barreda, hacían comunidad con Katy y José Horna, con Eva Sulzer y Esteban Frances, César Moro y por supuesto Gerardo Lizarraga con su esposa -que se volvió su amiga-, y no podía faltar Ghünter Gerzso, que era el único que podía traer un buen vino a las reuniones.

Cuando se está lejos de casa, el hogar y la familia cambian de nombre: los amigos lo son todo.

Los artistas mexicanos, unos con recelo y otros con aceptación, no dejaban de llamar al refugio de Remedios y Péret, el Gueto de la Calle Barreda. Octavio Paz se sumó a sus reuniones y después, desorientada y con secuelas más intensas por la guerra, Leonora Carrington, que se divorció de Renato Leduc y se casó con Chiki Weisz.

Remedios y Leonora fueron amigas, cómplices que se acompañaron en esa época de creación y confusión, de expansión de conciencia y búsquedas profundas porque estudiaron todo lo que les diera perspectivas nuevas: desde la alquimia, tarot y herbolaria, hasta Gurdjieff con su “cuarto camino” y a Ouspensky.

No eran “magas improvisadas” (entre comillas) sino mujeres creando y creyendo, poderosas desde sus cenizas… cariñosamente “brujas de la misma escoba” para volar en este mundo;

Y de todo eso sus creaciones se convierten, las de una y la otra en un legado de imaginación y calidad, cuadros que las reflejan encriptadas en los códigos que se construyeron. Arte que es vida.

Adieu Ammenotep, 1960. Leonora Carrington | Leonora carrington, Social art, Surrealist

“Adieu Ammenotep” (1960) de Leonora Carrington.

Pero no siempre Remedios se pudo dedicar a lo que amaba, estaba cerca del pincel pero sin la libertad del artista. Lizárraga era el director creativo de una poderosa agencia de publicidad, y desde ahí la coloca como la ilustradora publicitaria de la Casa Bayer: ¡vaya que hizo bien su trabajo!

No ilustraba las medicinas, sino las enfermedades que curaban: el dolor reumático, el insomnio, paludismo o amibiasis. Nunca los firmó como Remedios Varo, sólo tenían su segundo apellido, Uranga, (como si ella estuviera ahí, pero no completa).

Dolor Reumático II, 1948. – Remedios Varo Remedios Varo | Producción artística, Arte visionario, Varo

“Dolor Reumático” (1948) de Remedios Varo.

Sus años en Venezuela

En 1947, terminada la guerra, Benjamin, su amor-amante-compañero, quiere regresar a París, extraña sus cafés y galerías, su mundo de antes. Remedios no quiere volver. Demasiado dolor. Ella es otra y se separan. Decide viajar a Venezuela, poner tierra de por medio, ilustrará para Bayer insectos desde allá.

Su hermano era el encargado de las exploraciones en el Río Orinoco y su madre viene con él. Será la penúltima vez que la vea. Tuvo un amante fugaz, el piloto Jean Nicolle, con quien recorrió el cielo y la tierra venezolana. Dos años duró ese tiempo. Estaba lista para volver. Pero aún trabajando arduamente, su economía siempre era escasa, justa para vivir.

Sus amigos desde México la ayudan, se juntan, pagan su boleto. Walter Gruen, entre ellos. Se habían conocido tiempo atrás, él con su esposa, ella con Péret. Como todos era un exiliado de la guerra, amante de la música que había levantado, a base de trabajo y pasión, el negocio de la Casa Margolín, el mejor sitio en México de aquél entonces para comprar fonógrafos o discos, instrumentos musicales y todo lo que tuviera que ver con la buena música. Quedó viudo, su esposa murió tratando de salvar a alguien que se ahogaba en una laguna.

Él y Remedios se hicieron amigos, después escribiría sobre ese encuentro: “tuve la fortuna de que siquiera me mirara”, pasaron un par de años y la amistad se volvió amor, entonces escribiría de nuevo: “tuve la fortuna de que quisiera caminar su vida junto a mí”.

Los hombres siempre fueron cómplices en la vida de Remedios, su padre siendo una niña, Gerardo para casarse y divorciarse en paz, Péret para crecer en el mundo surrealista y Walter Gruen fue la pieza clave para que surgiera la mujer-pintora, sólo pintora. Él había hecho recursos con su talento y Margolin, los puso al servicio de ella: “Remedios pinta, sólo pinta”, yo me encargo de todo lo demás.

puntadas contadas por una aguja: Walter Gruen Berger (1914-2008)

Remedios y su autonomía

A veces cuando las mujeres estamos buscando nuestra autonomía y somos independientes, no queremos o no podemos recibir lo que de manera honesta y amorosa se nos ofrece. Remedios dijo sí, y tomó el caballete, el pincel y pintó y pintó, 8 horas diarias, su trabajo -por primera vez- se fusionó con su vocación.

Y una nueva magia sucedió. La invitaron a exponer, sería una colectiva, le pidieron pusiera precio a sus cuadros. Jamás lo había hecho, lo consulta con sus amigas, y es la esposa de Lizárraga quien de manera irónica y hasta divertida le pregunta:

– Guapa, ¿tú crees que vas a vender?
– No, pues no sé, no creo. -duda Remedios
– Pues entonces ¡véndelos carísimos! ¡qué más da!

¡Vendió todos! Cuentan que a esa exposición se presentó Diego Rivera, dio una vuelta y salió, hizo un comentario: “Aquí hay una sola artista, se llama, Remedios Varo”.

A esa exposición siguió una individual, también vendió todo. Los pedidos llegaban uno tras otro, todos los coleccionistas querían una Remedios Varo. En una carta a su madre le escribe: “Madre, por fin, pídeme lo que quieras, soy más rica que un torero”.

 

¡Qué irónica la vida! Y cuánto nos enseña cuando la observamos, durante todo el tiempo que Remedios se quemó las pestañas trabajando, el dinero llegaba a cuenta gotas y cuando decide seguir su corazón, ser valiente, aceptar la ayuda, la fortuna se le presenta por la puerta grande.

Tenía 44 años cuando comienza a pintar y van a ser 10 años de creación imparable. Era tan delicada y tan especial su trabajo que sólo pintó poco más de 200 cuadros. El corazón le falló. Pintaba el boceto para “Música del Bosque”, había terminado “Naturaleza Muerta Resucitando”. Llamó a Eva y Eva a Walter, se sentía mal. Los dos corrieron a ver qué pasaba. La encontraron frente al caballete, sus gatos cerca, su cuerpo tendido estaba sin vida. La cima de su carrera, culminó ese 8 de octubre de 1963.

El último cuadro que pintó Remedios Varo — IBERO 90.9

“Naturaleza muerta resucitando” (1963) de Remedios Varo.

A Péret acaba de visitarlo en París, enfermo y viejo se despidieron con amor, a su madre la encontró en la frontera con España. Su hogar lo hizo México y Walter Gruen comprendió su grandeza, en alma y en pinturas, no descansó hasta ver su obra reunida de nuevo, re-compró a amigos y extraños sus cuadros a precio actualizado, los donó todos, el Museo de Arte Moderno los tendría para cuidarlos y mostrarlos al mundo; un revés de su sobrina Beatriz Varo casi los hace perder, Walter se enfrentó a litigios, demandas injustas y sentencias ridículas, y por fin en el 2007 intocables los cuadros de Remedios Varo quedaron para legado de los mexicanos.

Por eso hoy podemos gozarlos, admirarlos, mientras agradecemos y honramos el corazón noble de un hombre, Walter Gruen, que la apoyó, que la impulsó sosteniendo su tiempo de creación y después con la generosidad de los grandes nos la heredó.


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