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Día de la Candelaria: Origen De Una Tradición Que Nos Une A Todos

Cada dos de febrero nos reunimos con la familia y amigos para comer tamales y celebrar el Día de la Candelaria. En esta fecha conmemoramos la purificación de la Virgen, se viste el Niño Dios después de ser levantado por primera vez desde su Nacimiento y se lleva a la Iglesia para ser bendecido. 

Detrás de esta bonita y deliciosa tradición (¿a quién no le gusta comer tamales y chocolate?), existe una historia de cientos de años que ahora compartimos contigo. 

 

Un origen judío

 

Cuenta la leyenda cristiana que María de Nazareth fue al templo. Habían pasado 40 días de su parto, su hijo Jesús estaba vivo, había que dar gracias. 
Así es, la famosa cuarentena que las abuelas hacían cumplir a nuestras madres –y hasta a nosotras a regañadientes– era sagrada desde ese tiempo. Los días críticos después del nacimiento habían pasado y se estipulada por la ley de los hebreos como una obligación y un privilegio; la cuarentena está en la Biblia… los sangrados de la madre para ese tiempo deberían de haber desaparecido, era momento de purificación y agradecimiento.

Las mujeres se acercaban al templo y dependiendo su condición económica ofrendaban algo para el sacrificio: un cordero las que tenían más recursos, una paloma las que menos… pero todas llevaban una candela: una vela que sería bendecida por el sacerdote y usada en los momentos que la luz (la del alma) se necesitara reavivar, para un rezo, para un momento especial. 

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María era judía y cumplió con esta ley, se purificó, bendijo su candela (su vela) y para los cristianos Jesús era La Luz del Mundo, que ella también llevó ese día al templo. 

He aquí el origen de la tradición de venerar a la Virgen y Purificación, y desde entonces es conocida como la Virgen de la Candela… la Candelaria.

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Pero seguramente ustedes se preguntarán de dónde viene la tradición de maíz y del cacao, o mejor dicho, de los tamales y del chocolate que bebemos durante esta celebración. Viene de los mexicanos.

Le sumamos a la tradición de recordar a la Virgen lo más valioso que teníamos: maíz y cacao. Nuestras semillas sagradas convertidas en justamente eso, tamales y chocolate, semillas, frutos y brebajes que heredamos al mundo.

No es casualidad que estos dos elementos se encuentren en algunas de nuestras festividades más importantes como el Día de Muertos y el Día de Reyes. ¿Por qué estas dos semillas en particular?

 

De Tláloc a la Virgen: maíz y chocolate para todos

 

Sabemos que los frailes que llegaron en el siglo XVI a México hicieron todo lo que pudieron por transmitir lo religioso nuevo del cristianismo a los indígenas. Pero las tradiciones autóctonas eran tan fuertes que no podían eliminarlas de tajo, ni por completo… hicieron entonces lo que les pareció lo más inteligente: darles un nuevo significado uniéndolas con una fecha de festejo católico: un poco el “si no puedes contra ellos úneteles”, pero con nuevos elementos y otro fondo. 

Así en febrero nuestros pueblos celebraban a Tláloc, el tiempo de cosecha del maíz había terminado en diciembre, máximo hasta los primeros días de enero. Las mazorcas más valiosas se guardaban con celo para llevarse al altar… al altar de Tláloc.

La lluvia era un milagro, era la respuesta de un dios que estaba satisfecho con ellos. No la creían ganada, sino merecida por honra y sacrificio; sería agua bendita para la nueva cosecha, y los mexicas necesitaban a Tláloc, su favor, además se sacrificaba a un niño en esa fecha. ¿Se imagina la reacción de los frailes al ver eso?

Posteriormente, los sacrificios quedaron prohibidos pero no las ofrenda, pues se seguía llevando maíz y se seguían haciendo los antiguos tamales. Estos tamales estaban rellenos de carne de pavo o de flamenco, de conejo y pescado, de ranas y hasta ajolotes. Estos pastelitos de masa de maíz, como los describieron los frailes cronistas, estaban envueltos por las hojas de la misma planta, se cocían en grandes ollas de barro, y de manera comunitaria, eran días de festejo, y los tamalli eran la comida central.

Se le llevaban a Tláloc en febrero y, además, servía para ellos pues acababan de pasar los días nemontemi, los últimos cinco días del año, los de la mala suerte, los impuros… los días inútiles. Los frailes astutos, al entender el fondo de su tradición y el porqué de sus alimentos lo unieron con la purificación de la Virgen y les recordaron que apenas hacía unos días en Reyes la habían escondido a ella y al Niño, junto con San José en la rosca para recordar que así se escondieron de Herodes que con cuchillo los quería matar.

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Todo en la Nueva España se enseñaba con narraciones lúdicas: empataron lo indígena con lo cristiano, dando un sentido a lo que hacían, quitando lo imposible de mantener y dejando lo que podría permanecer: maíz para la virgen y tamales para recordar su salvación y su purificación

 

¿Y el chocolate?

 

Fue a una doncella, Ixcacao, a quien se le manifestó su espíritu, probó las semillas, comprendió su poder y entonces las compartió. El “kakawua” fue llamado después “chocoatl” y prácticamente todas las culturas de Mesoamérica lo volvieron tesoro, por lo que hacía en sus cuerpos, en su mente, en sus fuerzas y en su espíritu: chocolate para el alma.

Moctezuma lo compartió con Cortés y lo que era cotidiano en este mundo, allá se convirtió en la bebida de los dioses aztecas para los nobles españoles. 

El cacao se bebía en esa fiesta ee Tláloc, la relevancia de la fecha lo indica, no hace falta que nos lo digan de manera precisa, sabemos que se preparaba de manera especial, que en días así lo compartían todos. Y los frailes lo comprendieron, lo sumaron a la Candelaria como parte vital del ritual en las casas después de llevar a los “niños Dios a bendecir al templo”, junto con las Candelas. No más sacrificios de niños, sólo rezos y para este Niño en especial… el Dios.

Como la Virgen en aquel tiempo, hoy las mujeres apegadas a las tradiciones cristianas católicas así lo hacen muchos de nuestros pueblos: cargan vestido elegante al niño-Jesús recién levantados del nacimiento; bendicen cirios para que las acompañen todo el año y eligen a las madrinas que harán los ropajes del mismo niño para el siguiente 2 de febrero. Se dice misa, le cantan coros a la Virgen, le piden más de una plegaria… como antes se rogaba por lluvia. 

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Y en la casa los tamales ya estarán esperando. Los lleva el encargado -el que sacó el niño en la rosca-; y el Chocolate Abuelita caliente será el complemento para el alma de los amigos y la familia; encontró una vez más el pretexto a la mexicana para ser unión y convertiste en hogar. Todo sea por permanecer juntos.

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